Aprender a desaprender

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Una buena noticia recibió Colombia la semana pasada al mejorar seis posiciones en el índice de competitividad del Institute for Management Development y en el que el país quedó ubicado 52 después de estar en la 58 el año anterior. El salto, de acuerdo con el estudio, se dio principalmente por el desempeño en Eficiencia Empresarial. Un bálsamo para la percepción económica del país y un indicador de muy alto valor para los inversionistas.

Sin duda el reporte muestra los resultados de un proceso evolutivo, buen manejo macroeconómico y confianza empresarial. Estas noticias dan tranquilidad, por supuesto, pero también son indicativos de que tenemos que seguir propiciando el crecimiento, productividad, competitividad. No podemos quedarnos encerrados en la caja haciendo lo justo, tenemos que salir a conquistar, crecer y generar un desarrollo sostenido y sostenible.

Por ejemplo, la dinámica exportadora colombiana es voluble e inestable, seguimos atados a los comodities y amañados con la fidelidad del mercado local. Tenemos que dejar ser exportadores de excedentes y de tasa de cambio, y crear un sistema robusto de buenas prácticas, transferencia de tecnología e innovación para insertarnos mejor en la cadena productiva mundial, como se viene haciendo con la evolución del Programa de Desarrollo Productivo.

Durante el panel de competitividad que tuvimos en el Business Future of the Americas de Barranquilla con empresarios y representantes de AmCham de 25 países, le escuché a Mónica Contreras, CEO de PepsiCo, la frase “aprender a desaprender” al hacer referencia a cómo la multinacional está en permanente disposición al cambio y alerta sobre nuevas tendencias para actuar con rapidez y así mantener la competitividad.

Hoy en día las tendencias son diferentes y se requiere que las políticas se adecuen y también evolucionen. No podemos pretender seguir en un mercado proteccionista, aislado y con normatividad de hace 20 años. Es indispensable avanzar y aprender a dejar atrás lo que está obstaculizando hoy y adaptarnos a la nueva realidad.

Con menos barreras y más herramientas que faciliten el desarrollo productivo, los empresarios pueden ampliar sus espacios comerciales, adecuar sus productos a normas de calidad internacional, elevar estándares de excelencia, generar mayor productividad de la puerta de la empresa hacia adentro, mantener activado el chip de la actualización. Todo dentro del parámetro de la libre competencia y una cancha de juego equilibrada. 

Adecuar la normatividad también significa “aprender a desaprender” en el exceso de regulación o hacerlo sin considerar las nuevas tecnologías en donde su desarrollo es totalmente diferente a los negocios como los conocemos. La continuidad del Gobierno al programa para eliminar trámites es de gran importancia y es clave enfocarlo en las interpretaciones legales que hoy restringen el desarrollo empresarial.

Tratar de limitar los cambios que se necesitan para actualizar la regulación y estándares con políticas que desconocen que vivimos en un nuevo modelo de desarrollo sólo nos llevará a frenar el progreso del país. Tenemos que “aprender a desaprender” de las formas como se establecen las normas, del excesivo proteccionismo, de quedarnos quietos sin evolucionar porque el cambio se está dando y no podemos quedarnos aislados.

Lea la columna en La República aquí

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