Expresar con fundamentos

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En medio de las marchas, las manifestaciones y las protestas se ven muchos rostros jóvenes, algunos tranquilos, otros exaltados, otros descompuestos y otros violentos pescando en río revuelto. Siempre ha sido así. Todas las expresiones populares son válidas y son parte del equilibrio democrático, pero lo que no puede pasar es el radicalismo y que ello fomente el odio entre los ciudadanos.

Se percibe, sobre todo, un desconocimiento de la historia reciente de Colombia, avivado con desinformación sobre los hechos y las realidades del país. Tenemos que ser capaces de transmitir la información adecuada a nuestros jóvenes, no parcializada ni tendenciosa, ni contra las personas, desprovista de pasiones, sin resentimientos, construyendo una generación participativa que encuentre en la democracia las herramientas del cambio, la renovación política y la lucha contra la corrupción.

El Estado, los políticos, los profesores, los padres de familia, e incluso los empresarios, tenemos que multiplicar los esfuerzos para impedir que el odio visceral y sectario se instale en nuestros niños y adolescentes, que no habían nacido en los momentos más intensos de la guerra de guerrillas ni padecieron como todos los demás el terror de las mafias del narcotráfico.

En recientes manifestaciones en contra del ex presidente Uribe me sorprendió ver muchachos que eran apenas unos niños cuando el país estaba arrinconado por la violencia y secuestrado por el miedo.

Necesitamos una campaña nacional contra el odio, contra el odio a la derecha, el odio a la izquierda, el odio al sistema, el odio entre los hinchas de diferentes equipos, para que las próximas generaciones opten por la tolerancia y la participación ciudadana antes de lanzar piedras y bombas artesanales, romper vidrios, pintar paredes y buscar el daño ajeno.

En ese sentido me parece muy positiva la iniciativa del viceministro del Interior, Luis Ernesto Gómez, quien acude con frecuencia a las universidades para conversar con los estudiantes sobre la importancia de su voto y de su participación en las jornadas electorales, de articular esfuerzos conjuntos en pro del cambio.

También el Estado debe tener cuidado en la manera de encarar las protestas, entender sus razones, buscar soluciones, evitar la fuerza excesiva y abrir los canales de participación ciudadana.

Los jóvenes tienen una gran responsabilidad de cara a en las próximas elecciones y también la oportunidad de expresarse. Pero, pese a ser una tercera parte del censo electoral, los colombianos entre los 18 y los 28 años son abstencionistas.

Apenas 1 de cada 10 jóvenes confía en los partidos políticos y 2 de cada 10 considera que el Congreso hace un trabajo positivo y también la mayoría opina que el país va mal, aunque cuando le preguntan por sus expectativas personas considera que va bien. La percepción negativa, alimentada por el odio, las noticias falsas y las verdades a medias, se difuminan con rapidez escalofriante por las redes sociales.

La percepción y realidad van por distintos caminos. Si queremos un país con futuro debemos ser responsables en la información y el ejemplo que estamos dando a nuestros jóvenes, que incluya una educación que provea el conocimiento de nuestra historia, para que entiendan de dónde venimos y cómo pueden construir un mañana, inculcar valores y evitar que los odios infundados nos dividan más y volvamos a años aciagos del pasado.

Publicado en La República aqúí

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