El valor de la institucionalidad

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Las próximas elecciones determinarán el rumbo de la institucionalidad democrática de Colombia, un bien común que tenemos que salvar y fortalecer. Necesitamos despejar las dudas que haya sobre el proceso, convencer a los abstencionistas de que son los votos los que evitan las balas y evitar a toda costa que triunfe un populismo que nos deje a la deriva.

Imperativo de un turismo activo

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En los últimos dos años, sobre un sinnúmero de daños y perjuicios pandémicos, aprendimos mucho sobre la vulnerabilidad humana y su capacidad depredadora, de sus disparatadas ambiciones y absurdas desigualdades, pero también sobre su sensibilidad para aportar, acompañar, buscar ayudas y soluciones sobre lo que debe ser el futuro sostenible, sustentado en la realidad tecnológica y sus posibilidades.

El mejor y el peor de los tiempos

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Por estos días escuché una referencia a la novela “Historia de dos ciudades” (1859) de Charles Dickens cuando dice que estamos en el mejor y el peor de los tiempos, en la edad de la sabiduría y la locura, en época de creencias e incredulidad, en la era de la luz y las tinieblas…

Mundo de ilusiones

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En tiempos electorales es normal que para tener adeptos se dé rienda suelta a la creatividad y por ende a promesas sugestivas que llenan de ilusiones a los votantes, que nunca pierden la esperanza, ni tampoco cuentan con un instrumento de verificación para comprobar si lo que se promete es probable, o al menos factible.

Tiempos para buenas decisiones

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El año entrante todos los colombianos tenemos un gran reto, elegir bien quienes nos van a gobernar y quienes estarán en el Congreso legislando para el nuevo país, quienes van a liderar el diálogo social y propiciar las condiciones para lograr las reformas que urgen y que por falta de consensos hemos aplazado desde hace muchos años.

Ahora tenemos que proteger lo ganado

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El sector empresarial acogió con generosidad y complacencia el aumento del salario mínimo propuesto por el Gobierno y acordado por las partes, lo cual refleja el interés conjunto en reactivar la economía. Después de este logro lo primordial es mantener el poder adquisitivo de los sueldos y que las empresas tengan mejores posibilidades para mejorar su productividad.

Más que un mínimo

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Es una oportunidad. La discusión del salario mínimo debe dejar de ser un asunto tan coyuntural y convertirse en un mecanismo permanente de análisis para llevarlo más allá de un porcentaje anual. Convendría tener una mesa con empresarios, trabajadores, Gobierno y expertos que de forma regular y sistemática contribuyan a dar luces sobre la manera cómo podemos garantizar el poder adquisitivo de los ciudadanos y el buen desarrollo de la economía. Una mesa que contribuya a encontrar los caminos para crecer todos juntos, crear empleo formal, empresas competitivas y productivas, talento humano pertinente y capacitado hasta que la oferta y la demanda laboral establezcan un círculo virtuoso de desarrollo.

Sensatez y realismo

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Todo fin de año trae al debate público la discusión sobre el aumento del salario mínimo. Y pareciera que fuera un pulso entre empleador y trabajador, entre patrón y ciudadano. En realidad, debería tratarse de una ecuación que busque el equilibrio para que el costo de producción de los primeros mantenga viable la seguridad económica de los segundos, que puedan mantener el poder adquisitivo el mayor tiempo posible en el año siguiente. Es un cálculo de productividad e inflación para beneficio de la economía y de todos.

Administrar las distorsiones

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La emergencia mundial por la escasez de contenedores y altos precios del transporte de mercancías tienen distorsionado el mercado con sobrecostos para las materias primas, dificultades para obtener los insumos necesarios para la industria y con aumentos de hasta 70% en productos finales (80% de los bienes que consumimos se transportan vía marítima). Dificultad que requiere de una administración público-privada para navegar por las aguas turbulentas que afectan la recuperación económica y surcar los mares con los menores inconvenientes posibles.

Libertad económica

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Hay unos enunciados en las ciencias económicas según los cuales no existe democracia plena sin libertad económica y más libertad redunda en más prosperidad y menos pobreza. Según el informe del Instituto Fraser de Canadá sobre libertad económica en Colombia, que revela su puesto 95 entre 195 países, existe una tendencia a satanizar la economía de mercado sin reconocer que durante décadas ha sido el modelo que sacó a miles de millones de personas de la pobreza en todo el mundo. El informe critica con vehemencia el hecho de que haya muchas personas con poder de influencia que defienden un modelo caduco, proteccionista, paternalista y de barreras y observa que es evidente que algunos países similares a Colombia crecieron más en los últimos tiempos gracias a políticas consistentes de comercio exterior y por la flexibilidad en la operación general de los mercados. La industria colombiana ha tenido que sobrevivir con inseguridad tributaria, con obstáculos para exportar, con una legislación laboral restrictiva que desincentiva la creación de empleo y fomenta la informalidad. La normativa está elaborada para beneficiar a una minoría privilegiada.