Plazas de mercado para el turismo y la gastronomía

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El Gobierno Nacional y el Instituto para la Economía Social (IPES) de Bogotá presentaron la semana pasada las guías turísticas gastronómicas de las plazas de mercado La Concordia y La Perseverancia de la capital. Se trata de una importante iniciativa institucional para hacer de las plazas de mercado referentes de turismo y puntos de encuentro para que los visitantes y los habitantes de la ciudad degusten platos típicos.

Algunos esfuerzos parecidos se han hecho con la Plaza Minorista de Medellín, La Galería de Manizales o la Alameda de Cali, entre otros, en lo que podría ser el comienzo de una tendencia en toda Colombia, que debería ir de la mano con una política de estímulos y un acompañamiento permanente de las autoridades nacionales y municipales para reestablecer, remodelar y embellecer todas las plazas del país.

Las plazas de mercado han existido desde tiempos inmemorables y siempre han sido espacios donde se articulan las economías rurales y las necesidades urbanas, con una incidencia muy relevante en el desarrollo de las sociedades. La misma Plaza de Bolívar de Bogotá fue un mercado semanal hasta 1861. Después las ventas de frutas, verduras, yerbas, granos y demás alimentos y productos para el hogar vendidos al menudeo se esparcieron por los distintos barrios.

De momento no son muchas las plazas de mercado que se ajustan a las condiciones mínimas de organización, salubridad, comodidad y calidad, pero ya hay modelos a seguir, no solo para gastronomía, sino también para apreciar, degustar y comprar miles de productos naturales que se han comercializado durante siglos en las diferentes regiones.

Y no basta hacer esfuerzos por mejorar si al final todo vuelve a lo mismo, como sucedió en Santa Marta, que presentó reformas y prometió organización y capacitación y al final reinó el caos de siempre, con las calles invadidas por la informalidad y los vendedores ambulantes sin control.

Y para aspirar a ser atractivos gastronómicos no hace falta que sean monumentos patrimonio como el de La Concordia, de 1935, que recibió una importante inversión recientemente y cuenta con galería de arte, mercado, artesanías, restaurantes, cafés, salón de eventos… o el mercado de Lorica, construido en 1938, y que se autoproclama como el lugar donde se preparan los mejores sancochos de bocachico y de gallina del país.

Incluso mercados como el de Bazurto en Cartagena que también sufren por el caos, pueden ser transformados en lugares de interés, como lo son los tianguis de México, de la época prehispánica, que son puestos al aire libre, móviles y ordenados para recorridos muy interesantes para apreciar diversos productos, olores, colores, sabores y curiosas atracciones. De hecho, la principal feria de turismo de México se denomina Tianguis, una manera de a hacer honor a los mercados locales.

Colombia se encuentra en un momento decisivo para emprender este tipo de proyectos que están ligados a la cultura y a las tradiciones, que agregan mucho valor a la oferta y atraen a los turistas internacionales, cada día más propensos a conocer y explorar lo más profundo de la identidad nacional de los lugares que visitan.

Y todo ello hace que la articulación entre la nación y las regiones deba ser permanente y organizada; simplificar, unificar y actualizar la normativa, sintonizar los Planes de Ordenamiento Territorial, con una política coherente y representativa.

Publicado en Ladevi Colombia aquí

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