Sostenibilidad necesita educación pertinente y enfocada

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas señalan que además de pleno empleo, digno y productivo, otro de los principales desafíos del turismo es la educación, una formación pertinente y enfocada que incluya todo el abanico de los servicios.

El desarrollo digital, las nuevas relaciones sociales, las prioridades económicas de los países y la permanente expansión de la tecnología presionan para que haya cambios en la educación de las nuevas generaciones, ya que los modelos tradicionales centrados en la memoria comienzan a ser obsoletos. Necesitamos mentes más innovadoras y creativas.

En el ámbito del turismo debemos hacer un esfuerzo descomunal, pues además de que nuestros prestadores de servicios son, en su mayoría, empíricos, estamos entrando a una nueva era de crecimiento rápido sin que estemos preparados para afrontar ese reto.

Además de los prestadores de servicios vale la pena analizar si es necesario revisar la formación superior en turismo, transformarla y volcarla a una educación integral que le permita a todos participar de las oportunidades en la cadena de turismo.

Una carrera de turismo y entretenimiento que involucren liderazgo y hospitalidad, planificación y administración de empresas, cultura y geografía, mercadeo y organización de eventos, y tecnología, comunicación y mercadeo. Generar una vocación turística integral donde no se confunda la amabilidad con el servicio profesional.

También promover las carreras técnicas en diferentes ámbitos como la gastronomía, la guianza especializada y la atención al cliente, generar más carreras técnicas en servicios, en micro-gerencia.

Las comunidades, actores imprescindibles en la industria, deben tener acceso a educación básica y especializada con base en sus necesidades, considerando su sentido de pertenencia, reconociendo los activos de la región y su preservación.

Este proceso debe ser amplio en temas de regulación, cultura, productos, calidad, seguridad y emprendimiento, entre otros. Una estructura permanente, continua y participativa, con proyectos adecuados a la evolución del territorio y a las experiencias turísticas, así como a la gestión de los espacios naturales protegidos, al manejo de las prácticas agrícolas y ganaderas y de otras actividades económicas tradicionales.

Las tendencias mundiales indican la creciente preponderancia del turismo naturaleza y los países se están preparando para ello. Nosotros, que tenemos el mayor tesoro universal de biodiversidad, debemos estar listos y prepararnos mejor.

No es lo mismo que recibir a los turistas de sol y playa y de cultura, que han sido nuestros visitantes hasta ahora, requerimos de otros conocimientos y mejores herramientas para ofrecer servicios en sitios casi inexplorados -y que sean los nativos quienes lo administren-, evitar que terminen en manos de colonos aprovechados, empíricos depredadores o de extranjeros oportunistas que son los primeros en llegar porque identifican con buen olfato y experiencia el potencial de un lugar.

En la medida en que se desarrolla turísticamente una región, también se genera migración hacia esas áreas, no solo por la oportunidad de emprender, sino porque se generan plazas de empleo, como ha sucedido en La Macarena, lo que obliga a planear y regular el éxito turístico. Existe el riesgo de que los inmigrantes desplacen a las comunidades locales y eso hay que regularlo para que no suceda y también para evitar caldos de cultivo de futuros conflictos.

El turismo de naturaleza, para que en efecto sea sostenible y responsable, requiere de una formación bien estructurada, de gente que conozca la naturaleza y pueda contar el cuento bien contado. Ese es uno de sus valores más interesantes. Es claro que el viajero consume paisaje, pero al mismo tiempo necesita la historia del río, del árbol, de la comunidad, del entorno.

No hay una política de formación en ese sentido. Hay que capacitar a las comunidades, desarrollar guianza especializada y al mismo tiempo elaborar material pedagógico, guías de campo, productos que puedan complementar el negocio, porque el viajero quiere y necesita llevar una guía, un libro, un mapa, productos adecuados para la estancia y la travesía. Los parques nacionales de todo el mundo disponen de publicaciones específicas y especializadas. Podríamos comenzar por ahí.

Requerimos de una formación que se articule desde la realidad geográfica a los currículos del Sena, a la experiencia de las agencias de viaje y al conocimiento de otra institucionalidad. Una formación integral desarrollada directamente en los territorios, no en las grandes ciudades, lejos del producto.

Publicado en