Valor agregado para acceder a más mercados

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Conocí a varios empresarios durante la Macrorrueda de Negocios 60 que por tener una oferta diferente y con un grado de sofisticación mayor llamaron más la atención de los compradores internacionales presentes en el encuentro comercial que tuvimos en Bogotá. Son testimonios que nos muestran, por un lado, lo que nuestros empresarios son capaces de producir, la innovación que le imprimen a sus productos y cómo podemos insertarnos más en la economía global.

Quiero compartirles brevemente algunos de esos casos. Por ejemplo, un comprador de Togo que visitó por primera vez Colombia me contó que se llevó fruta deshidratada como banano y piña que quiere empacar en su país para venderla como snack en 17 supermercados de cinco países africanos.

Otro caso fue el de Seasons Farm Fresh INC, una compañía de Estados Unidos que hizo negocios con un proveedor de asaí orgánico del Amazonas. Compró un contenedor para vender la pulpa congelada en tres mil supermercados de la Florida, Texas, California, Nueva York y Chicago, en donde será comercializada en la industria de alimentos como ingrediente para hacer jugos y postres.

Panela en polvo de Boyacá a Finlandia, snacks de quinua de Cauca a Australia, mochilas de La Guajira a Francia, y de Cesar servicios en 3D y realidad aumentada a México y República Dominicana. Fueron varios los ejemplos.

Son indicios de que llegó el momento de cambiar los paradigmas y que el camino a seguir está en el fortalecimiento del valor agregado para nuestros productos.

Depender de los commodities nos hace vulnerables. El bajonazo de los precios de las materias primas es una de las fuentes de desaceleración que tiene a las economías que dependen de ellas, principalmente las emergentes, en un estado permanente de vulnerabilidad.

Pasa con los países cuya oferta exportable es de baja sofisticación. En Colombia solo el 5,2 por ciento de las exportaciones totales tiene un alto grado de tecnología y más del 80 por ciento corresponde a productos basados en recursos naturales, principalmente petróleo, carbón, banano y café.

Lo que sabemos es que el mercado internacional demanda precisamente lo contrario, es decir valor agregado.

También está la oportunidad de encadenamientos productivos. Una empresa de Estados Unidos vino a la Macrorrueda a comprar elásticos de Bogotá para hacer balacas y sandalias de niñas que se venden en Miami.

Hay más. Un comprador de México adquirió telas con tecnología anti machas, anti bacterial y con protector UV para hacer uniformes de colegios.

En ProColombia sabemos de al menos siete sectores con potencial para insertarse en cadenas globales de valor como el lácteo, aceites y grasas de origen vegetal y animal, cacao y chocolatería, maquinaria y equipo eléctrico, abonos, plaguicidas y otros productos químicos de uso agropecuario, vehículos y autopartes, y calzado con énfasis en dotación industrial.

Es el valor agregado el que le permitirá al país acceder a la gran torta del comercio internacional. La apuesta es a que nuestras materias primas adquieran una mayor sofisticación, que sean los propios empresarios colombianos quienes las transformen y lleven los bienes finales al consumidor.

María Claudia Lacouture
Presidenta de ProColombia

@mclacouture

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