‘Una Ley de Turismo pensada en las nuevas generaciones’

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Esta es la conversación que tuve con El Espectador a propósito del proyecto de ley de turismo que hace tránsito en el Congreso de la República y a pocos días de la celebración del Día Mundial del Turismo.

  1. ¿Por qué pensar en un proyecto de ley para el turismo en medio de una crisis como la que atraviesa el país? 

Este proyecto era una necesidad desde hace tiempo y será un soporte fundamental para la recuperación del sector después de este confinamiento que paralizó la industria. La actual ley de turismo fue expedida hace 24 años, en 1996 y desde entonces ha tenido tantas modificaciones que hoy parece una colcha de retazos. La industria cambió mucho y hay que actualizar la normativa porque cuando se promulgó la ley anterior la realidad colombiana era bien distinta, en medio de una guerra interna y sin turistas internacionales. Adicionalmente, estábamos en mora de actualizar al país al contexto internacional bajo las normas de sostenibilidad que viene dada por el equilibrio entre lo económico, social y ambiental.

Han cambiado los escenarios y las prioridades. Ahora la llegada de turistas crece de manera sostenida, también la conectividad. Si bien esta ley debió proponerse hace tiempo atrás -ha habido varios intentos- podríamos decir que llega en un momento crucial, cuando la industria necesita herramientas, estímulos y orientación para resurgir de las cenizas que dejó la pandemia.

¿Cuáles son las modificaciones que tendrá esta propuesta sobre la actual Ley de Turismo? 

La actualización del marco regulatorio refuerza los conceptos de sostenibilidad, calidad y formalidad, con una visión social necesaria, y deja buenas herramientas para desarrollar el sector con facilidades tributarias y mayor severidad en los controles y abre más las puertas al desarrollo de productos turísticos diferenciados y de alto gasto, como el turismo de naturaleza, el cultural, el de reuniones y el de salud y bienestar.

La parte tributaria propone un balón de oxígeno para que la industria tenga un respiro después de los meses aciagos del confinamiento universal y que tuvo al turismo como su peor víctima. Y la “nueva normalidad” tampoco está libre de temores. En Europa el rebrote del covid-19 ha sido severo, aunque aquí los expertos proyectan una resaca menos agresiva, más controlable si hay conciencia ciudadana respecto a la bioseguridad y los autocuidados. 

Entre los principales cambios destaca la obligatoriedad para que las plataformas digitales de servicios turísticos cuenten con el Registro Nacional de Turismo y que sus proveedores también lo tengan y sea visible para el usuario. Este es un elemento importante para la lucha contra la informalidad del sector y equilibra la cancha con las empresas formales que prestan servicios de alojamiento que se venían quejando de esa competencia desleal.

Si el Congreso le da rápido trámite al proyecto de ley, y si los cambios que se hagan mejoran y no convierten la buena intención en otro sancocho normativo como los que suelen proponer, tendremos un alivio oportuno.

  1. ¿Cuál es el impacto que busca generar en el sector?  

El sector de turismo necesita de todo el apoyo posible en este momento, con propuestas innovadoras que le permitan salir a flote. Hace unos días se reanudó una parte menor de vuelos nacionales y apenas se reactivarán algunos internacionales, ambas buenas noticias, pero insuficientes para una industria y un país altamente dependiente de la conectividad aérea. Además de esto es indispensable poner en marcha una fuerte campaña de promoción que permita a los viajeros recuperar la confianza, facilitar que tanto nacionales como extranjeros reanuden sus planes de viaje y sepan que toda la industria ha adoptado las medidas de bioseguridad necesarias para reducir el riesgo de contagio. El impacto real será paulatino, aunque una vez promulgada la nueva ley veremos impactos inmediatos en la recuperación.

  1. ¿De qué manera esta iniciativa ayudará a la reactivación del turismo en Colombia? 

En la medida que los estímulos fiscales permanezcan en el tiempo ayudarán al flujo de caja y la industria podrá ofrecer precios competitivos que ayuden a generar el gasto de los viajeros. Sin embargo, lo que se logra ver a simple vista es que, si bien la nueva normativa actualiza y ordena, le falta algo de ambición con respecto al desarrollo de inversión a gran escala, como proyectos de mayor calado y estímulos a la inversión extranjera directa. La ley debe estar complementada con otros mecanismos de promoción y acciones a corto plazo pues las empresas necesitan flujo de caja ya para mantener los empleos que aún subsisten y pagar los créditos que algunas han recibido como parte de la ayuda ofrecida por el Gobierno.

Hay ideas muy novedosas, como el “teletrabajo en el paraíso” que propone crear centros hoteleros que incentiven los paseos familiares con la posibilidad de que los padres puedan mantenerse activos con su trabajo sin que se sumen a las vacaciones, o como el subsidio por una vez para que todas las familias colombianas con rentas inferiores a dos millones reciban por una vez de 500 mil pesos en bonos redimibles en planes o paquetes de turismo doméstico.

O los peajes turísticos en municipios con gran valor histórico, artístico y cultural, sin incluir aquellos que tienen valor ambiental especial.

Hay aspectos que hubiera sido bueno tener en cuenta y que ojalá se puedan incorporar en el trámite, por ejemplo. que la iniciativa se hubiera complementado con los “Corredores Turísticos”, un esfuerzo que se esfumó con el cambio de Gobierno y que fue el primer proyecto estructurado para ordenar y desarrollar el turismo regional.

Hay camino legislativo para las mejoras: que los planes de ordenamiento territorial incluyan el turismo, que se definan acciones más eficaces para el seguimiento y garantizar con sanciones que las autoridades locales cumplan con los controles; que se tengan instrumentos para que la empresas puedan transformarse tecnológicamente; que haya una ley que obligue al Ministerio de la Ciencia, a iNNpulsa y a todas las entidades de innovación que se involucren en las políticas; que se logre determinar dónde, cómo, cuándo y qué tipo de turismo se puede hacer en cada región, que haya coordinación vinculante entre los actores del desarrollo sostenible, como lo son los ministerios de Comercio, Industria y Turismo, Cultura, Ambiente, Vivienda, Salud, Defensa y el de la Ciencia y establecer un proceso que mantengan las decisiones a largo plazo para incentivar la inversión.

  1. Uno de los principales propósitos del proyecto es fomentar la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente en los territorios, ¿Por qué dedicar un capítulo especial a este tema? 

La sostenibilidad es sencillamente esencial, es la nueva realidad del turismo, para resguardar los destinos y encaminar el desarrollo a un turismo que no sea depredador y anticiparnos a las dificultades que sufren los grandes destinos, muchos de los cuales comienzan a resistirse a la llegada del turismo. Es una ley para las nuevas generaciones. La pandemia nos enseñó que la sostenibilidad es un imperativo y así lo señalan la normatividad internacional y las recomendaciones emanadas desde la Organización Mundial de Turismo y lo confirman las nuevas tendencias de los consumidores que cada vez más se fijan en las acciones de cuidado del entorno en las operaciones relacionadas con el turismo. Por otro lado, en la medida que se logre ese equilibrio entre lo social, lo económico y lo ambiental garantizaremos la sostenibilidad del turismo en Colombia para que sea una actividad de largo plazo y motor de desarrollo para las regiones.

  1. ¿Cuál es la participación y el valor que tendrán las comunidades con las nuevas modificaciones? 

El proyecto propone que sólo podrán hacerse declaratorias de atractivos turísticos en los territorios de minorías étnicas con su previo consentimiento, se fortalece el turismo comunitario y la integración de sus poblaciones a la actividad. Eso es clave. Es imposible hablar de turismo sostenible sin participación de la comunidad. En especial en el desarrollo del ecoturismo la participación de la comunidad es esencial primero para la preservación del entorno natural, conocer la capacidad de carga de su territorio, los atractivos turísticos y ser los principales beneficiados de los recursos que dejan los viajeros. Sin ellos la política no funciona.

  1. El país ha ido generando una reapertura gradual, ¿Qué retos quedan aún pendientes para el turismo? 

El principal pendiente es que haya una reapertura efectiva del turismo. Los vuelos nacionales apenas representan el 10% de lo que era la operación antes de la pandemia y a nivel internacional apenas comenzará el proceso. Por otro lado, las autoridades locales deben facilitar la operación del sector y junto con los empresarios y gremios enviar los mensajes de confianza para que los viajeros armen su maleta y salgan a recorrer el país por tierra o por aire.

  1. Ya hemos hablado de la iniciativa por parte del Estado, ¿Cuál es el compromiso que deben adquirir los viajeros para sumar a esa propuesta? 

El viajero debe confiar en el compromiso de la industria en la adopción de las medidas de bioseguridad para garantizar que su viaje, estadía y experiencias tendrán el mínimo riesgo y a su vez, ser estrictos en la implementación de las medidas de autocuidado, uso de tapabocas de manera permanente, lavado de manos frecuente, distanciamiento físico y evitar las aglomeraciones. Esto es una labor conjunta.

Publicado en El Espectador aquí

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