Turismo en vilo

Sabemos que el turismo es determinante para la inclusión, la equidad y el desarrollo y seguimos sin encontrar el camino que debemos recorrer, en parte porque hemos tenido más buenos propósitos que acciones concretas, o por circunstancias del pasado, o por limitaciones económicas. En los anaqueles del Viceministerio de Turismo reposan magníficos diagnósticos, estudios concienzudos, planes sectoriales muy pertinentes, pero de muy limitada ejecución y poca continuidad.

La semana pasada el Gobierno Nacional presentó su Plan Sectorial de Turismo con una propuesta que integra bastante bien los propósitos del turismo comunitario con los distintos ámbitos de su influencia, aunque convendría aplicarle de entrada una buena dosis rápida y urgente de combate a la inseguridad que aqueja a los destinos.

Otra vez estamos viendo constantemente los titulares recurrentes de violencia, abuso e ilegalidad, un constante déjà vu de hechos lamentables que suscitan indignación e impotencia, porque año tras año siguen sin solución los mismos problemas, porque no hemos logrado combatir a los infractores ni resolver los factores que alimentan la inseguridad.

Y las consecuencias son las mismas: mala imagen, desinversión, deserción de operadores, desbandadas de buenos turistas.La semana pasada las autoridades portuarias de Colombia recibieron una carta de una importante línea de cruceros preguntando por el aumento de la inseguridad en Cartagena y Santa Marta, del abuso con los turistas, de la calidad de los servicios. Una carta con tono de preocupación, con un llamado a una respuesta sobre si Colombia está volviendo al pasado.

Campanazos de alerta como este deben llevarnos a hacer correctivos, nos muestran que si continuamos en este camino sin que prestemos la atención debida echaremos por la borda el trabajo esmerado de los últimos 20 años y así será muy difícil que el turismo se convierta en el nuevo petróleo de Colombia. Es urgente el llamado al Gobierno, a la Policía Nacional, a los alcaldes, para actuar y dar respuestas contundentes contra la inseguridad, la informalidad y la ilegalidad.

En Cartagena da angustia ver niñas y adolescentes ofreciéndose en las calles, vendedores de drogas deambular sin restricción, presenciar asaltos, acosos, entre otros males. Tenemos que impedir que la impunidad se adueñe de nuestros destinos, sobre todo de la vitrina que muestra a Colombia, la amurallada, la más bella, la más aquejada.

En su discurso en Anato, el presidente Petro anticipó que el presupuesto para el turismo aumentará 80%, que para este año se esperan 5,44 millones de turistas y hasta 12 millones en 2026, con 300.000 empleos nuevos y 9.906 millones de dólares en ingresos. Ojalá parte de esos recursos sean para ejercer seguridad, para velar por la formalidad, para capacitar a toda la cadena, para una promoción eficiente y efectiva, además de garantizar la sostenibilidad y la integración social.

El Gobierno puso las cartas sobre la mesa con su plan sectorial. Corresponde a los gremios, a la academia, a los operadores, a las ONG y a todo aquel que se interese por el turismo que analice sus posibilidades y exija garantías a la integridad de los destinos y de los turistas.

No podemos desandar el camino largo y difícil que hemos recorrido, perder la batalla contra la inseguridad, abandonar la ilusión de que el turismo sea parte de la solución del país. De momento seguimos en vilo.

Publicada en La República aquí

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