Una historia de equidad

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Los colombianos tenemos una referencia histórica de lo que es un proyecto exitoso de largo plazo de productividad, competitividad, tecnología, innovación, alianza público-privada y desarrollo social con equidad, todo ello entrelazado y como pilar para el desarrollo inclusivo y la prosperidad colectiva.

Se trata del proyecto sostenible del Fondo Nacional del Café de los años 50 del siglo pasado, sustentado en la economía social, el desarrollo comunitario, de mejoramiento de la calidad de vida de los agricultores, sin ideologías ni afiliaciones políticas.

Su visión sobre la equidad fue un factor determinante para el éxito, pues desde un comienzo se entendió que más que criterios de igualdad para todos, los modelos de economía social necesitan equidad.

Para entender la diferencia entre igualdad y equidad hay una ilustración que lo explica muy bien con solo dos imágenes. La primera muestra a tres personas con distintas alturas que intentan ver un partido de béisbol detrás de una valla de madera y subidos en cajas iguales: una persona alta que sobrepasa el obstáculo, otra de estatura mediana que apenas alcanza y una más pequeña que no ve nada.

Eso es igualdad porque todos tienen la misma caja. La equidad comienza cuando el primero le pasa su caja al más pequeño y entonces todos pueden disfrutar el partido en parecidas condiciones.

El Fondo hizo eso para el desarrollo de la cultura cafetera. Sin distinciones ni condiciones dio acceso a infraestructura, vivienda, salud, educación y bienestar a todas las regiones, ofreció oportunidades, entendió que los más humildes necesitaban más apoyo, que la pobreza genera más pobres y más problemas y la riqueza crea más riqueza, empleo y prosperidad.

Desde hace ya casi un siglo, ha sido evidente la forma como los caficultores colombianos obtuvieron calidad de vida y desarrollo sostenible sin que los conflictos armados que ya entonces aquejaban la nación pudieran afectarlo de manera estructural.

Otro factor fundamental fue el trabajo que se hizo por construir un sentido de pertenencia y de orgullo, con un empoderamiento sobre los logros, siendo los mismos beneficiarios quienes velaban para que todo funcionara, se consolidara y se prolongara por generaciones.

Los cafeteros demostraron que el cuidado del bien común, las condiciones sociales, el respeto, la buena convivencia y un proyecto claro hacen los procesos más eficientes, mitigan los efectos derivados de la violencia en las regiones más vulnerables, ello aunado a un papel relevante para la mujer rural, con acceso equitativo a programas de capacitación y proyectos productivos.

El Fondo Nacional del Café dio soporte y solidez a la bonanza cafetera, permitió tener recursos para los tiempos de dificultades y gracias a las excelentes relaciones que mantuvo con todos los gobiernos garantizó el trabajo mancomunado y exitoso.

En estos tiempos de dificultades es momento de que Colombia adopte modelos de equidad y desarrollo con apuestas productivas de largo aliento que le permitan transitar senderos de prosperidad bajo la premisa de que somos una nación pobre, con enormes desequilibrios sociales y diferentes necesidades.

El empresariado colombiano quiere hacerlo, trabaja en ello, y está dispuesto a construir una nueva historia de éxito. Es hora de consolidar una nueva historia exitosa de equidad para esta nación doliente y desvalida.

Publicado en La República