Compra colombiano

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Desde hace ocho años la campaña “compra colombiano”, que este año se llama “compra lo nuestro”, busca sensibilizar a los compatriotas a echarle una mano a la industria nacional con mensajes que apelan al amor patrio y como una oportunidad para fechas especiales, como la Navidad, por ejemplo.

Aunque se han hecho esfuerzos para que esas campañas tengan un alcance más amplio y permanente -más allá de regalos y presentes-, por lo general se queda como una herramienta coyuntural, ya que para lograr que se compre colombiano se necesita combatir la ilegalidad y mejorar la competitividad.

Por mucho que queramos apoyar lo nuestro, siempre el costo de la ilegalidad vencerá a lo convencional. Mientras no tengamos mecanismos efectivos para combatir lo ilegal nuestras campañas quedarán en sacos rotos.

Desde el lanzamiento de la marca país “Colombia es pasión”, en 2005, se ha logrado dotar al “hecho en Colombia” de significado de calidad, con diferenciadores de diseño, creatividad e innovación, con elementos sociales incorporados y significado de sostenibilidad. Pese a ello su magnitud es todavía marginal. Y es necesario dar el salto a la productividad y ponernos al día con las necesidades del consumidor y con las tendencias del mercado, anticiparnos a la globalización del consumo.

Creamos la política de desarrollo productivo para generar competitividad desde la puerta de la empresa para adentro, para acompañar a las empresas en su esfuerzo de mejorar la productividad. Si a eso le sumamos el fortalecimiento de los sistemas de impuesto y aduanas, si logramos detener y sancionar la ilegalidad, entonces nuestra industria podrá ser más competitiva.

Mantener este esfuerzo de motivar el consumo de productos y servicios nacionales es necesario, así como recordar la importancia que tiene para el desarrollo económico, sobre todo en tiempos en los que los consumidores estamos expuestos a un bombardeo de marcas globales, con extraordinarias facilidades de distribución y precio y posibilidades de pago electrónico.

Posicionar marcas nacionales de calidad en los últimos lustros se ha logrado de alguna manera en sectores como el de la moda -por ejemplo, los vestidos de baño-, también en productos alimenticios y hay que reseñar algunos casos de éxito como las mochilas de Totto, los vestidos de Arturo Calle o la marroquinería de Mario Hernández, emprendedores emblemáticos que merecen ser imitados.

Los casos emblemáticos como el café y las flores también se han afianzado. El café, como viejo ícono de la colombianidad en el exterior se ha renovado con la promoción y proliferación de los cafés especiales; mientras, las flores llegan cada vez a más mercados con creciente calidad e innovación.

Y como estamos en Navidad, además de un saludo a los colombianos les dejo una invitación a comprar colombiano, con factura, porque es una forma de obtener los impuestos para la inversión pública. Cada uno puede poner su grano de arena, acudiendo al comercio formal, rechazando el contrabando. Hasta que no nos sinceremos y seamos nosotros mismos quienes dejemos de comprar en los mercados paralelos, no va haber estrategia, ni campaña, ni política que pueda incentivar la compra de lo colombiano y estimular la producción nacional.

El contrabando y la informalidad son dos plagas que atentan contra nuestro bienestar futuro. Ayúdenos a construir esa Colombia Moderna que todos merecemos. Compremos colombiano.

Lea la columna en la web de La República aquí

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